MALVINAS 2000 - Capitulo IV - P�gina 028
Es muy importante que Ud. acepte interiormente por ahora, que este suceso va a ocurrir de cualquier forma, y que el gobierno de la Argentina deber� mantenerse al margen, y sobre todo, no pensar en r�ditos pol�ticos. Presidente.-Va a ser muy dif�cil que nos podamos mantener totalmente ajenos a semejante acontecimiento. Esto digo si realmente ocurriera algo as�, de lo cual no estoy convencido en absoluto. J.C.-Por supuesto que no pretendo se convenza ahora. Tampoco le puedo dar una prueba fehaciente de esta acci�n, para demostrarle que digo la verdad. Por ello le recalco la importancia de que esta Administraci�n se mantenga fuera de este acto, y no intervenga ni a favor ni en contra, para que el mundo no piense que se realiza en provecho de un pa�s, y mucho menos de un gobierno en particular. Presidente.-De hecho que trataremos de no interferir, y menos a�n de sacar alg�n beneficio personal. Pero no s� c�mo lo lograremos, trat�ndose de un acontecimiento que, de ocurrir realmente, revolucionar�, como nunca lo hizo otro, a todos los habitantes de la Tierra. J.C.-Esa es sucintamente la idea: que haya un antes y un despu�s. O sea que luego de terminada esta acci�n, los humanos entendamos definitivamente que el ocasional m�s fuerte de hoy, ya sea por poder�o b�lico, superioridad poblacional u otros, no tiene por qu� aprovecharse de ello, y menos sabiendo cabalmente que ese predominio es ef�mero en el tiempo. Presidente.-S�, realmente el concepto me parece bien. �Pero qu� pensar� Margaret Thatcher? �No intentar� nuevamente una acci�n b�lica para recuperar las Islas, y sobre todo para perpetuarse en el poder, como lo viene haciendo desde la guerra del Atl�ntico Sur, de la que sac� tal r�dito pol�tico, que perdura a�n hoy en el mando luego de m�s de doce a�os? J.C.-Esa posibilidad existe por supuesto, y conociendo la intolerancia de la "Dama de Hierro", y de su Ministro del Exterior (Foreign Office) Lord Carrington, es lógico suponer que ello ocurra. |
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